miércoles, 25 de abril de 2012

A propósito de El FIN DE LAS BIBLIOTECAS


Sobre las utopías que anuncian el fin de las bibliotecas aún mantengo escepticismo. Nadie creería que las bibliotecas desaparecerían si  es que ha visitado las bibliotecas muy bien dotadas de todas las herramientas y recursos para dar servicios de primera. Las buenas bibliotecas se reinventan conforme a sus usuarios y hacen que sea imprescindible para las necesidades de esas personas. No en vano existe la Bibliotecología, esa disciplina responsable de que la Biblioteca sea más que libros.

El pensamiento biblioclasta, que fomenta el fin y destrucción de las bibliotecas, halla cabida en la realidad de las bibliotecas pobres y desfasadas, como la biblioteca de la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.  Aunque parezca increíble de la Facultad más antigua de América, su biblioteca aún suspira el letargo de las bibliotecas medievales. Sus libros se guardan con recelo, el personal disfruta restregándoles en la cara sus restricciones a los lectores de la sala, el trato aunque no es irrespetuoso es agresivo, y se conoce que no hay una legítima gestión profesional bibliotecaria. Todo esto, más los problemas presupuestales, sindicales y tecnológicos, han traído a la decadencia una de las bibliotecas de la Universidad que, por cierto, alguna vez tuvo a un gran Pedro Zulen dirigiendo la biblioteca más importante del país allá en los años frescos de la pos Reforma Universitaria. 

Hoy en día no solo la Biblioteca de Letras es candidata a la biblioclastia, porque de San Marcos son contadas con los dedos de una mano las bibliotecas que apenas cumplen con las normas internacionales para ser, en serio, una biblioteca universitaria. Las acreditaciones de sus facultades son una farsa, un disfraz del momento para recibir un reconocimiento poco honesto. Para que una universidad sea buena debe cumplir básicamente con cuatro aspectos: alumnos entusiastas, maestros a la altura, excelentes laboratorios y bibliotecas de calidad. Sin embargo, todo esto depende de un aparato administrativo que, en el régimen estatal, está sucia de burocracia e intereses personales.

La Escuela de Bibliotecología es una especialidad de la Facultad de Letras y, no obstante, no se corresponde con su biblioteca. Si esto continúa, no podemos enfrentarnos a la utopía biblioclasta. Los pésimos servicios y el desinterés hacia el usuario son la razón más clara para que el apocalipsis de las bibliotecas se manifieste.

César Chumbiauca

Nota: Las palabras 'biblioclastía', 'biblioclasta', son términos acuñados por Fernando Báez. Consulte del autor: Historia universal de la destrucción de libros

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