viernes, 7 de junio de 2013

Báez y el imperialismo cultural

Fernando Báez (San FélixCiudad Guayana, 1947-) 

IFLA es la máxima asociación de Bibliotecología que plantea directrices para el desarrollo de esta disciplina a nivel internacional. Por lo tanto, todos los bibliotecarios en diversas partes del mundo  tienen a bien su trabajo, todos... menos uno: el venezolano Fernando Báez. 

«Rompí relaciones con IFLA, que se ha convertido en una trinchera que sigue las pautas de EEUU en materia de información». Esta declaración, sin lugar a dudas, ha de causar escándalo entre muchos de los que ejercen nuestra profesión. ¿Quién se atrevería a ser tan radical como para romper relaciones con IFLA? ¿Realmente está sometida a Norteamérica? ¿Acaso las bibliotecas de Latinoamérica no han tomado como modelo a la Biblioteca del Congreso de Washington? Si el problema es la dependencia de IFLA, abandonemos también el formato MARC, la clasificación Dewey y LC, que son productos de los Estados Unidos. 

El autor de Historia universal de la destrucción de libros (2004), no solo rompió relaciones con IFLA, sino también con IBM y Google. En el 2008, Báez fue director de la Biblioteca Nacional de Venezuela (BNV), primer bibliotecólogo en la dirección de ese cargo; sin embargo, sus radicales y revolucionarias acciones para mejorar la situación de dicha institución le granjearon enemigos que solicitaron su renuncia apenas a los ocho meses de ejercer el puesto.  Hace poco, la revista Fuentes de Bolivia (año 11, vol. 6, n° 23, diciembre 2012) entrevistó a Fernando, quién evocó aquella época en que pensó grandes proyectos para la BNV, como por ejemplo que estuviera abierta las 24 horas del  día, que sus sistemas funcionaran bajo software libre[1], la implementación de centros de estudios sociales, la creación de una gran biblioteca pública en Caracas, la edición de un libro sobre la historia de la BNV, un proyecto internacional de biblioteca digital, la protección del patrimonio bibliográfico nacional y de las instalaciones a través de convenios con la Brigada Patrimonial del Ejército y el Instituto de la Defensa Nacional, entre otras iniciativas. El entusiasmo fue sobrehumano, los proyectos se pusieron en acción gracias a un buen equipo de trabajo, pero tocó «intereses delicados».
La Biblioteca Nacional de Venezuela, dicho sea de paso, era la hija mimada de EEUU (…) Debo confesar que combatí el elitismo intelectual, sin importar las consecuencias, no me interesaba jubilarme sino dar todo de mí en un momento clave del país y del mundo. Me las jugué todas contra el imperialismo cultural, y obviamente esta utopía provocó que me pidieran la renuncia...
Báez es autor de libros como
La destrucción cultural de Iraq

(prologado por Noam Chomsky, 2004).
¿Qué pensaría Fernando Báez de Jorge Basadre? El último fue director de la Biblioteca Nacional del Perú (BNP) y se entregó a su trabajo con la misma pasión del venezolano; pero Basadre siguió estudios de Bibliotecología en EEUU y participó en IFLA, con lo cual rehízo la BNP que salía de una catástrofe en 1943 e impulsó la Escuela Nacional de Bibliotecarios, antecedente de la Bibliotecología en nuestro país. Basadre buscó modelos, creyó en IFLA y en la Biblioteca del Congreso de EEUU para profesionalizar el quehacer bibliotecario en el Perú. Lo hizo para bien y funcionó. Pero el contexto que encontró Báez en Venezuela en el 2008 estuvo corrompido. Al parecer la influencia norteamericana hacía daño en ese país. Todos conocemos la relación que la nación caribeña tiene con los EEUU. Además, Fernando Báez venía de estudiar el desastre cultural que durante el régimen de George W. Busch (2001-2009) se había dado en Iraq con la destrucción de bibliotecas, archivos, museos y patrimonio arqueológico. Por eso, aunque discrepemos con este polémico bibliotecólogo, debemos rescatar su entrega y su labor…
Dado que han cambiado las condiciones en estos inicios del siglo XXI, un bibliotecario debe ser un activista del conocimiento al servicio de las transformaciones populares basadas en la transparencia de la información (…). Creo que el bibliotecario debe ser ante todo un luchador con responsabilidad social, partidario ante todo de la pluralidad cultural, defensor del libro como signo de identidad y con la capacidad de fomentar la lectura y la ciudadanía local y global.

César Chumbiauca




[1]  Dijo Báez: “Yo rompí relaciones nada menos que con la IBM, que cobraba millones por manejar la base de datos desactualizada del catálogo principal de la propia Biblioteca en las instalaciones de una zona llamada Parque Central sin medidas de seguridad apropiadas”. Hoy la BNV usa KOHA, software libre, para su catálogo en línea (http://sisbiv.bnv.gob.ve/)

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