martes, 17 de septiembre de 2013

Problemas de la estantería abierta

No todo es color de rosa en una biblioteca con servicio de estantería abierta. Por supuesto, conviene al usuario, quien tendrá toda la libertad de explorar a fondo la colección, pasearse en busca de su libro, sea que haya consultado el catálogo o no, y seleccionar el que mejor le parezca, e incluso encontrar bibliografía inesperada, pero interesante. Todas estas comodidades no las brindaría la modalidad de estantería cerrada, que en muchos casos nos hace perder el tiempo o resignarnos a un libro que no cubre nuestras expectativas de información. La práctica de estantería cerrada es admisible todavía en bibliotecas nacionales o instituciones que  resguardan patrimonio especial o histórico, como también en bibliotecas sin el presupuesto suficiente para implementar la forma innovadora.

La estantería abierta, en cambio, es considerada un servicio moderno, aunque tenga muchos años en la cultura bibliotecaria norteamericana, no así en Europa, donde se mantuvo por mucho tiempo un estilo conservador,  celoso del material bibliográfico. Pero volviendo a la primera línea de este artículo, los bibliotecarios tendrán que confesar que aunque el contacto directo con los libros mejore la satisfacción de los usuarios, a ellos les causa serios dolores de cabeza. Mencionemos algunas desventajas.

En Algunas consideraciones sobre la estantería abierta, artículo escrito por Esther Mendoza y Blanca Estela Solís, se indica que...
  • Es necesario planear rutinas para mantener el orden de la colección y tener siempre a disposición de los usuarios la totalidad del acervo.
  • Es difícil llevar controles estadísticos de préstamos por volumen y títulos.
  • La disposición de la estantería exige más espacio que el que se requiere en estantería cerrada.
  • El material bibliográfico se desencuaderna y deteriora porque aumenta el uso de los acervos, como consecuencia se requiere también que se aumenten los presupuestos para encuadernación y mantenimiento. 

También toca el tema Saúl Sánchez Toro, quien en su trabajo titulado Estantería cerrada vs estantería abierta, añade:
  • Exige mucha cultura de los usuarios ya que el libre acceso propicia el hurto y la mutilación en una comunidad inculta.
  • Exige que los usuarios conozcan el sistema de clasificación, pues de lo contrario los libros que saquen de los estantes no sabrán ubicarlos de nuevo, lo cual ocasiona una desorganización de las colecciones.
  • Los libros se acumulan en las mesas debido a la imposibilidad de los usuarios de volverlos a ubicar en los estantes.

Otro malestar que no indica ninguno de los autores citados aquí es aquel criminal acto que cometen algunos usuarios de esconder adrede ciertos ejemplares detrás de una hilera de libros muy lejos de su ubicación original. Yo diría que tienen el «complejo de Borges», en referencia a El libro de arena, que según cuenta el escritor argentino, lo perdió a propósito entre los anaqueles del sótano de la Biblioteca Nacional de Argentina, como quien pierde una hoja en un bosque. Y una desdichada consecuencia es que por títulos extraviados, las cuentas al final de los inventarios culpan al bibliotecario, quien tiene que responder, en algunos casos, con descuentos. Por eso la sabiduría exhorta que en un informe de inventario no se reporte así: “ejemplares perdidos”, sino “ejemplares no ubicados”.

En resumen, ¿es mala la estantería abierta? No lo creo. En una biblioteca universitaria, por ejemplo, donde el acceso al conocimiento es crucial para el desarrollo intelectual, tener estantería abierta otorga flexibilidad de uso al lector. Todo lo que líneas arriba hemos explicado es para no suponer que las cosas nuevas se implementan por implementar. Con buena tecnología, sistemas de seguridad, una adecuada organización y haciendo énfasis en la educación de usuarios, todavía se puede manejar o reducir los problemas del servicio mentado, e incluso potenciar la calidad de su funcionamiento.


César Chumbiauca


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