martes, 25 de octubre de 2016

Un Nobel cantado

Como bibliotecario que soy, estuve esperando la premiación del Nobel de Literatura 2016 con el fin de opinar sobre los libros del ganador o proponer sus lecturas en caso fuese un desconocido, como pasó con Svetlana Aleksiévich. Pero el veredicto de este año nos ha sorprendido y ha provocado polémica en el mundo literario con la premiación a un músico: Bob Dylan. Probablemente uno de los primeros en estar en desacuerdo sea él mismo, ya que no ha respondido a las llamadas de la Academia Sueca para confirmar su asistencia a la ceremonia. Por lo pronto, permítanme dejar los libros de lado y dar mis apreciaciones sobre el galardonado autor de Highway 61.

Empecé a escuchar a Bob Dylan el año pasado. Antes no me llamaba la atención. Cuando estudiaba en la universidad me obsequiaron un libro biográfico, pero no pasé del primer capítulo y lo dejé. Se entendía ya que Dylan era considerado un poeta, que tuvo su momento de fama y que luego, como le pasa a muchos artistas, se le apagaron las luces. Aunque este cantautor tiene la suerte de volver siempre. Y esto por lo común es causa de los prestigiosos premios que ha recibido de cuando en cuando, entre ellos, el Pulitzer, el Príncipe de Asturias y hasta un Oscar. No obstante, la leyenda se cimienta en canciones como Like a Rolling Stone, Blowin in the Wind, Knockin’ on Heaven’s Door y una serie de composiciones de mensaje agudo.

Eso sí, la premiación a Dylan debería ser un aliciente para todos aquellos compositores que sienten que cada vez hay una menor valoración de las letras. En la música comercial abundan las frases trilladas, los mismos asuntos. Pocos, pero muy pocos, saben qué es la nueva trova y la canción de autor. De esta manera, uno prefiere invitarlos a escuchar a Silvio Rodríguez, Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina, o también, para un caso más peruano: Chabuca Granda. Igualmente en otros géneros hay inspirados compositores, por ejemplo en la salsa, donde resaltan los relatos sociales de Rubén Blades.

Dicen que por allí Dylan tenía unos libros escritos por él mismo. De qué van, no sé, no me interesa leerlos. No soy un fanático. Pero no me molesta que se haya llevado el Nobel. Por supuesto que hay escritores, poetas y dramaturgos que son unos genios, pero el premio se entrega anualmente y esta vez se lo dieron a alguien que viene siendo candidateado desde hace algunos años. Así que los suecos tampoco decidieron reconocer a un músico de la noche a la mañana. Para este año muchos anhelaban que gane Philip Roth. De seguro que sí se lo merece, aunque yo todavía no lo he leído, así que me daré el tiempo para ver si apuesto por él en las próximas quinielas. A la Academia Sueca siempre le tiran barro por sus decisiones. El Nobel es el premio literario más importante del mundo… y el más pifiado también. Es cierto que, estrictamente, la categoría de Dylan no es la literatura, pero no debemos olvidar que la poesía nació con la música y que escribir una buena letra para una canción es un trabajo difícil, no cualquiera puede hacerlo. Acomodar las sensaciones vitales a los ritmos de los acordes, sin caer en lo trillado, es tan difícil como componer un soneto. Esa es la razón por la que una letra fuera de su contexto musical raramente se sostendría sola.

César Antonio Chumbiauca

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