martes, 22 de mayo de 2018

Bibliotecas públicas y ciudadanía

(Gran Biblioteca Pública de Lima)

Las bibliotecas públicas no son obras generosas de las autoridades. La ciudadanía está en su derecho a tener al menos una biblioteca en su distrito tanto como existen centros médicos, comisarías y colegios. Los municipios pueden alegar que con ingresos fiscales tan bajos, sobre todo en los de mayor comercio informal, implementar o mejorar bibliotecas no puede ser una prioridad. Asumen además que la población tampoco las demanda. Sin embargo, no nos hemos percatado de la importancia que tienen las bibliotecas para cultivar mejores ciudadanos y la calidad de servicio que pueden prestar a las personas que no tienen facilidad para acceder al libro ni a la información.

La lectura coadyuva a formar buenos ciudadanos. En una entrevista Alberto Almendres*, Director General de la editorial SM Perú, declara: “Precisamente lo que el Perú necesita es muchos ciudadanos. Cuando un chico lee, lógicamente, no solamente incorpora palabras, incorpora maneras, incorpora respeto, incorpora valores, incorpora sueños… Se vuelve un ciudadano”. Los bibliotecarios apoyamos la tesis de Almendres. Las grandes crisis económicas en diversas partes del mundo han aleccionado a las naciones más avanzadas, saben que es mejor formar personas con valores y actitudes que solo empleados para la industria. Por tal motivo nació la sociedad de bienestar que trajo consigo la implementación de servicios abiertos, como dice Magdalena Ortiz Macías en su libro Biblioteca: el servicio público con corazón (Editorial UOC, 2017): “Lo verdaderamente trascendente es que la sociedad del bienestar supuso un cambio en la mentalidad en relación con la progresiva reducción de las desigualdades económicas y sociales”.

Nuestra realidad, en cambio, es contraria. Una idea que favorece a los políticos flojos y desinteresados en las bibliotecas, es que no son rentables. Indicar que una biblioteca no es rentable es pensar nuevamente en el beneficio económico contante y sonante. Aunque no está mal que las bibliotecas públicas puedan generar ingresos en la medida que no se vuelvan prohibitivas, tiene que quedar claro que son un servicio público. Hay una discusión permanente entre si se debe considerar usuario o cliente a los lectores. En el ámbito de una universidad privada, todavía podría discutirse ese tema. ¿Pero en una biblioteca pública? Si leemos el artículo de Felipe Meneses Tello**, La dicotomía social y política del servicio de biblioteca: ¿Usuarios o clientes?, hallaremos esta afirmación: “Las bibliotecas al servicio del público forman parte de las actividades derivadas de la función administrativa estatal. Nos referimos en concreto a las bibliotecas creadas para atender el interés general de la población, las cuales funcionan en el marco político de la Administración Pública, aparato orgánico y funcional del Estado”.

Precisamente, las bibliotecas públicas no son un favor, no es caridad, ni siquiera es un programa asistencialista. Son una responsabilidad de los municipios distritales y regionales. Por eso, ahora que están próximas las elecciones regionales y municipales, ¿tendrán los alcaldes un plan para fomentar las bibliotecas en las jurisdicciones a las cuáles se postulan? Ya veremos. Hay que leer y escuchar bien sus propuestas y no votar solo por intuiciones. Aunque hay alcaldes que sí han cumplido con implementar las bibliotecas, es difícil aceptar que cuando entra un nuevo partido dejan de continuarse las buenas obras. En Barranco, por ejemplo, desde hace tiempo dejó de apoyarse la modernización de la icónica biblioteca de la plaza principal.

Terminemos esta nota con un fragmento de El incendio de un sueño, poema de Charles Bukowsky:

La vieja Biblioteca Pública de Los Ángeles
muy probablemente evitó
que me convirtiera en un
suicida,
un ladrón
de bancos,
un tipo
que pega a su mujer, 
un carnicero o
un motociclista de la policía
y, aunque reconozco que
puede que alguno sea estupendo, 
gracias
a mi buena suerte
y al camino que tenía que recorrer, 
aquella biblioteca estaba
allí cuando yo era
joven y buscaba
algo
a lo que aferrarme
y no parecía que hubiera
mucho

César Antonio Chumbiauca


*Entrevista a Alberto Almendres: Enlace al video.
** Revista Prefacio, 2017, 1(1), 5-15: Enlace al artículo.

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