Capacitando en medio de la brecha digital

Por Cesar Antonio Chumbiauca - octubre 20, 2015

Por César Chumbiauca

¿A quién no le ha pasado que ha tenido que dar una charla de capacitación sobre bases de datos o herramientas web y ha tenido alumnos dispares en cuanto al manejo de la tecnología?  Hay quienes esperan que se les diga lo último, lo más reciente y complejo, pues conocen muy bien el mundo digital; pero también tenemos otros, los que no han tenido la ocasión de profundizar en ese mar sin fin que es Internet y apenas se están adaptando.  A veces debemos partir incluso desde explicar cómo se escribe el @ o cómo se crea una cuenta de correo electrónico mientras otros esperan que les digamos cómo funcionan todos los truncamientos y la búsqueda avanzada al detalle.

Imagen: documentalo.com
Es un problema de brecha digital dentro del aula, a pesar de contar con las computadoras, con Internet, igual es un problema de brecha digital que tiene que solucionarse de algún modo, como explica la entidad privada Ciudadanos al Día (Gestión Pública y Desarrollo, año VIII, Nº 98, p. E1): "… es pertinente consignar que la disponibilidad de equipos y de una conexión a internet no asegura su manejo eficaz ni su uso productivo.  Pero no hacer nada al respecto acrecienta la brecha, más bien lo que sí permite romper con este círculo vicioso, crear oportunidades y transformarlo en un círculo virtuoso es el desarrollo de capacidades».

¿Qué hacer cuando se nos presenta la brecha digital en una misma aula?

Promocione con claridad su taller para evitar el desfase entre sus asistentes
Todo parte de brindar una buena información previa.  Es necesario saber comunicar correctamente el taller, no basta con poner en la publicidad el encabezado, la fecha, la hora y el lugar.  Hay que tener en cuenta lo siguiente:
  1. Informar bien de qué se trata el taller y determinar su nivel de complejidad.  Por ejemplo, si se refiere al uso de bases de datos bibliográficas, dividirlos por niveles básico, intermedio y avanzado.
  2. No confundir un taller con una presentación.  El primero requiere gente interesada y con algunos conocimientos básicos.  Una presentación es más abierta y no discrimina a sus asistentes.
  3. Determinar hacia quién va dirigido el taller.  Si la charla trata sobre cómo cargar artículos en el sistema de revistas de Open Journal System y si de ese trabajo solo se encargan los bibliotecarios o un personal especial, ¿para qué invitar a los docentes?
  4. En el caso de contar con profesores que son adultos mayores y que no están muy familiarizados con la tecnología, es mucho mejor identificarlos y ofrecerles una capacitación más lenta, puntual y en el mejor de los casos, personalizada y acorde a sus necesidades.  Además el servicio de Diseminación Selectiva de la Información podría activarse aquí, donde es muy útil, pues un profesor veterano está más interesado en reflexionar sobre los temas de su especialidad, apoyándose en un secretario para la búsqueda a fondo de fuentes de información en bases de datos complejas. 

  5. Es muy común que en una misma aula encontremos brecha digital generacional.
    Imagen: webconsultas.com
Cuando tenemos distintos tipos de usuarios en un taller
Cuando ya es demasiado tarde y tenemos alumnos que manejan de manera diferente las herramientas, entramos en conflicto.  No lo podemos hacer muy difícil porque los que saben poco se van a perder.  Y no lo podemos hacer muy fácil porque los que saben mucho se van a aburrir.  Este tipo de problemas es muy notorio cuando se brindan capacitaciones a estudiantes de maestría y doctorado. ¿Cómo establecer el punto medio?
  1. Explique, explique y explique y luego deje que exploren por su cuenta.  En ese momento acérquese a las personas que tienen dudas.  Esta es una buena estrategia para que la clase no se vea constantemente interrumpida. 
  2. Cree parejas equilibradas.  En lo posible, permita que un alumno experto en el uso de las tecnologías trabaje con otro que no se guía tan bien.  De ese modo, el que sabe se refuerza a través de la enseñanza y el que no, recibe un apoyo.  Lógicamente, de buenas a primeras usted no va a saber quién sabe más y quién menos.  Pasado un tiempo desde el inicio de la charla, los puede reordenar aprovechando una dinámica.
  3. Reparta materiales.  Es imprescindible entregar algún material, separatas, hojas de apunte o guías que puedan permitir remitirse a él para no interrumpir al ponente si no es tan necesario.
  4. Una recomendación que no hay que desdeñar, es que siempre es bueno dar una capacitación con un ayudante que permita al capacitador desenvolverse con mayor comodidad, porque si las dudas de los asistentes son muchas no se va abastecer solo.
Para saber qué tal le fue en su capacitación, nunca está de más repartir un breve cuestionario, de no más de cinco preguntas, muy precisas y legibles, que permitan evaluar la calidad de su presentación.  Se espera que estos consejos le sean de mucha utilidad.

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