César Chumbiauca Es el mes de la
Navidad y como es una época para compartir, bueno es poder hacerlo durante la
cena de Nochebuena con una historia para calentar el alma. Por eso anotamos
aquí algunas famosas historias de reconocidos escritores. Busque en una
biblioteca o en alguna librería el que más le agrade y nárrelo con una taza
llena de chocolate…
Una
de las obras poéticas peruanas más resaltantes en la literatura universal
es Trilce
(1922). Escrita por César Vallejo (1892-1938), no reconocida en los primeros
años de su aparición, sin embargo, este libro insólito nos deja algunas
reflexiones que pudiera aprovechar la Dirección de Bibliotecas Académicas y
Especializadas (DEBAE) de la Biblioteca Nacional del Perú a propósito del
trabajo que viene realizando en los centros penitenciarios y de la que uno
puede informarse visitando su blog: Bibliotecas Peruanas en Contexto de Encierro.
Después de mucho tiempo,
volví a la Gran Biblioteca Pública de Lima, histórica sede de la Biblioteca
Nacional del Perú. Volví como usuario, y qué grato ha sido. Con total libertad pude ir
de arriba a abajo, de sala en sala, coger los libros de mi interés, sacar
copias, ser atendido con cordialidad y precisión. Un par de semanas más atrás
había leído una noticia en Internet que anunciaba que la Sala de Referencia y Consultahabía abierto nuevamente luego de una temporada de renovación. Y también leí
que el ingreso ya no tenía costo y que los requisitos para obtener el carné son mínimos. En efecto, referencia ha quedado muy bien equipada, ambientada
y actualizada. Además, ya nadie lo detiene a uno porque camine dos pasos,
inquiriéndole a dónde va y por qué va. Ahora da gusto pasar horas y horas en
ese templo del saber, en sus salas, en el hall (por cierto, con muy buenas
exhibiciones de libros; durante mi visita encontré una muestra
encantadora sobre el cine peruano), y en el esplendoroso jardín del patio
colonial.
Yo soy una persona que le
tiene mucho cariño a ese edificio por muchas razones. Primero, porque he
trabajado ahí, y parte de mis mejores amigos siguen haciéndolo por encima de
los problemas que yo también vi y sufrí; segundo, y a propósito de los problemas,
porque la biblioteca de la avenida Abancay es un buen laboratorio social de la
realidad bibliotecológica, ya que desde sus centros coordinadores realiza con
sudor el difícil trabajo de tratar de establecer un sistema nacional de
bibliotecas; y tercero, porque soy bibliotecólogo y por ende conozco el valor
histórico que ha estigmatizado a esa sede, partícipe del nacimiento de nuestra
república, triste metáfora de un país negligente (me refiero a su situación
durante y después de la guerra con Chile), trinchera y dolor de talentosos
intelectuales, cuna de la bibliotecología peruana, y más.
Por los motivos anteriores
y porque la Gran Biblioteca Pública de Lima está mejor, y es que siempre se
rehace (es la biblioteca fénix), volver ha sido como una reconciliación
amorosa; con paz, entusiasmo y emoción.
Por Cesar Antonio Chumbiauca - septiembre 17, 2013
No todo es color de rosa
en una biblioteca con servicio de estantería abierta. Por supuesto, conviene al
usuario, quien tendrá toda la libertad de explorar a fondo la colección,
pasearse en busca de su libro, sea que haya consultado el catálogo o no, y
seleccionar el que mejor le parezca, e incluso encontrar bibliografía
inesperada, pero interesante. Todas estas comodidades no las brindaría la
modalidad de estantería cerrada, que en muchos casos nos hace perder el tiempo
o resignarnos a un libro que no cubre nuestras expectativas de información. La
práctica de estantería cerrada es admisible todavía en bibliotecas nacionales o
instituciones que resguardan patrimonio especial o histórico, como
también en bibliotecas sin el presupuesto suficiente para implementar la forma
innovadora.
La estantería abierta, en
cambio, es considerada un servicio moderno, aunque tenga muchos años en la
cultura bibliotecaria norteamericana, no así en Europa, donde se mantuvo por
mucho tiempo un estilo conservador, celoso del material bibliográfico.
Pero volviendo a la primera línea de este artículo, los bibliotecarios tendrán
que confesar que aunque el contacto directo con los libros mejore la satisfacción
de los usuarios, a ellos les causa serios dolores de cabeza. Mencionemos
algunas desventajas.
Es necesario planear rutinas para
mantener el orden de la colección y tener siempre a disposición de los usuarios
la totalidad del acervo.
Es difícil llevar controles
estadísticos de préstamos por volumen y títulos.
La disposición de la estantería
exige más espacio que el que se requiere en estantería cerrada.
El material bibliográfico se
desencuaderna y deteriora porque aumenta el uso de los acervos, como
consecuencia se requiere también que se aumenten los presupuestos para
encuadernación y mantenimiento.
Exige mucha cultura de los
usuarios ya que el libre acceso propicia el hurto y la mutilación en una
comunidad inculta.
Exige que los usuarios conozcan
el sistema de clasificación, pues de lo contrario los libros que saquen de los
estantes no sabrán ubicarlos de nuevo, lo cual ocasiona una desorganización de
las colecciones.
Los libros se acumulan en las
mesas debido a la imposibilidad de los usuarios de volverlos a ubicar en los
estantes.
Otro malestar que no indica
ninguno de los autores citados aquí es aquel criminal acto que
cometen algunos usuarios de esconder adrede ciertos ejemplares detrás de una
hilera de libros muy lejos de su ubicación original. Yo diría que tienen
el «complejo de Borges», en referencia a El libro de
arena, que según cuenta el escritor argentino, lo perdió a propósito entre
los anaqueles del sótano de la Biblioteca Nacional de Argentina, como quien
pierde una hoja en un bosque. Y una desdichada consecuencia es que por títulos
extraviados, las cuentas al final de los inventarios culpan al bibliotecario,
quien tiene que responder, en algunos casos, con descuentos. Por eso la
sabiduría exhorta que en un informe de inventario no se reporte así:
“ejemplares perdidos”, sino “ejemplares no ubicados”.
En resumen, ¿es mala la
estantería abierta? No lo creo. En una biblioteca universitaria, por ejemplo,
donde el acceso al conocimiento es crucial para el desarrollo intelectual,
tener estantería abierta otorga flexibilidad de uso al lector. Todo lo que
líneas arriba hemos explicado es para no suponer que las cosas nuevas se
implementan por implementar. Con buena tecnología, sistemas de seguridad, una
adecuada organización y haciendo énfasis en la educación de usuarios, todavía
se puede manejar o reducir los problemas del servicio mentado, e incluso
potenciar la calidad de su funcionamiento.