Buscando qué ver en
Internet encontré casualmente una película animada sobre la actividad bibliotecaria contra la
censura. Se titula Library war: the wings of revolution (originalmente Toshokan
sensou), y es la película que cierra un anime japonés de 12 capítulos. La serie
también ha sido adaptada a una película con personajes de carne y hueso que se
estrenó en el 2013, pero en la red no circula en castellano; la versión en
dibujos sí, aunque subtitulada.
César Chumbiauca Es el mes de la
Navidad y como es una época para compartir, bueno es poder hacerlo durante la
cena de Nochebuena con una historia para calentar el alma. Por eso anotamos
aquí algunas famosas historias de reconocidos escritores. Busque en una
biblioteca o en alguna librería el que más le agrade y nárrelo con una taza
llena de chocolate…
Una
de las obras poéticas peruanas más resaltantes en la literatura universal
es Trilce
(1922). Escrita por César Vallejo (1892-1938), no reconocida en los primeros
años de su aparición, sin embargo, este libro insólito nos deja algunas
reflexiones que pudiera aprovechar la Dirección de Bibliotecas Académicas y
Especializadas (DEBAE) de la Biblioteca Nacional del Perú a propósito del
trabajo que viene realizando en los centros penitenciarios y de la que uno
puede informarse visitando su blog: Bibliotecas Peruanas en Contexto de Encierro.
Después de mucho tiempo,
volví a la Gran Biblioteca Pública de Lima, histórica sede de la Biblioteca
Nacional del Perú. Volví como usuario, y qué grato ha sido. Con total libertad pude ir
de arriba a abajo, de sala en sala, coger los libros de mi interés, sacar
copias, ser atendido con cordialidad y precisión. Un par de semanas más atrás
había leído una noticia en Internet que anunciaba que la Sala de Referencia y Consultahabía abierto nuevamente luego de una temporada de renovación. Y también leí
que el ingreso ya no tenía costo y que los requisitos para obtener el carné son mínimos. En efecto, referencia ha quedado muy bien equipada, ambientada
y actualizada. Además, ya nadie lo detiene a uno porque camine dos pasos,
inquiriéndole a dónde va y por qué va. Ahora da gusto pasar horas y horas en
ese templo del saber, en sus salas, en el hall (por cierto, con muy buenas
exhibiciones de libros; durante mi visita encontré una muestra
encantadora sobre el cine peruano), y en el esplendoroso jardín del patio
colonial.
Yo soy una persona que le
tiene mucho cariño a ese edificio por muchas razones. Primero, porque he
trabajado ahí, y parte de mis mejores amigos siguen haciéndolo por encima de
los problemas que yo también vi y sufrí; segundo, y a propósito de los problemas,
porque la biblioteca de la avenida Abancay es un buen laboratorio social de la
realidad bibliotecológica, ya que desde sus centros coordinadores realiza con
sudor el difícil trabajo de tratar de establecer un sistema nacional de
bibliotecas; y tercero, porque soy bibliotecólogo y por ende conozco el valor
histórico que ha estigmatizado a esa sede, partícipe del nacimiento de nuestra
república, triste metáfora de un país negligente (me refiero a su situación
durante y después de la guerra con Chile), trinchera y dolor de talentosos
intelectuales, cuna de la bibliotecología peruana, y más.
Por los motivos anteriores
y porque la Gran Biblioteca Pública de Lima está mejor, y es que siempre se
rehace (es la biblioteca fénix), volver ha sido como una reconciliación
amorosa; con paz, entusiasmo y emoción.